¿Puedo aprender a ser más optimista?

¿Puedo aprender a ser más optimista?

Es fácil identificar a una persona pesimista. La tristeza, amargura y preocupaciones les rodea. Su modo de enfrentarse al mundo es ponerse siempre en lo peor, esperar siempre lo peor. Las personas pesimistas esperan que llegue la desgracia, y sufren mientras esperan como si ya hubiera ocurrido eso que temen que ocurra, y que muchas veces, la mayoría de hecho, sencillamente, no ocurre. En palabras del filósofo M. E. de Montaigne, "Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron".

Hace tiempo tuve la oportunidad de pasar un domingo de playa con una de las personas más pesimistas que he conocido. Viví ese día, como no recuerdo haber vivido nunca, la experiencia de cómo alguien con una actitud negativa puede contagiarte. Era un domingo de verano espectacular. Nos disponíamos a subir al coche cuando empezó el espectáculo. Estas son algunas de las muchísimas frases con las que nos amenizó el día: "A ver qué tiempo nos encontramos. En esa playa suele hacer mucho viento"; "y ahora a buscar aparcamiento con el calor que hace"; "Espero que haya sitio, hemos llegado muy tarde"; "qué pinta tiene el mar de estar revuelto. No sé si nos vamos a poder meter en el agua"; "¡qué caliente está la arena!"; "¡Qué fría está el agua!"; "Qué cara la cerveza!"; "¡Cuánta gente haciendo escándalo!", etc, etc... Insufrible. A punto estuvo de amargarme; amargarnos el domingo. Ese día saqué dos conclusiones: una, ten cuidado con quien pasas tu tiempo, especialmente el tiempo de ocio y descanso. Y dos, ¡no vuelvo a ir a la playa con esta persona!

 

Muchas veces, debajo de esta forma de entender el mundo lo que hay son pensamientos del tipo:

 

- "Si no me preocupo algo malo va a pasar".

- "Si me pasa algo bueno, tiene que pasarme algo malo para compensar"

- "Todo lo malo me pasa a mi. Debo atraerlo, o tengo mala suerte"

- "Si espero lo peor no me decepcionarán"

 

En cambio las personas optimistas tienen otra actitud ante la vida en general, y ante las dificultades en particular. Abordar los problemas que nos ofrece la vida con una actitud optimista nos permite no caer en la desesperación, el desánimo o la depresión.

 

En general las personas optimistas: 

- Están más relajadas y sufren menos estrés que las pesimistas ante las mismas dificultades o problemas

- Son más creativas y productivas

- Están orientadas a la acción, son activas, toman la iniciativa 

- Son más felices.

- Y algo que mucha gente no sabe; hay estudios que indican que las personas optimistas  viven más tiempo. Se estima que los optimistas viven entre 5 y 10 años más de media que los pesimistas.

 

En resumen, las personas optimistas no sólo viven mejor, también viven más. Todo un aliciente para mejorar nuestra actitud.

 

    Pero, cuidado, un optimismo exagerado e ilusorio puede ser tan dañino como el pesimismo. No estoy hablando aquí de tener una visión del mundo en la que se niegue la realidad, en la que se niegue lo malo. Hablo de saber poner en balance lo negativo y lo positivo, y no fijarnos sólo en lo positivo, o sólo en lo negativo. Hablo de ser realistas con las circunstancias, de ajustar las velas si sopla el viento en vez de esperar a que deje de soplar, o, aún peor, no salir por si llueve.

 

    Ante todo esto la gran pregunta es: ¿Se puede cambiar de actitud? ¿Se puede aprender a ser más optimista? La respuesta es un rotundo SI.

 

¿Cómo ser más optimista?

 

    Hay tres comportamientos que debes practicar y repetir para convertirte en una persona más optimista:

 

1. Busca el lado bueno de cada situación. Esfuérzate en buscar y encontrar algo positivo en cada cosa que te pase

 

2. Busca qué has aprendido en toda experiencia. Cada experiencia que vivas, positiva o negativa, puede enseñarte algo. Entrénate en sacar un aprendizaje de cada experiencia. 

 

3. Céntrate en la solución, y no en el problema. Es una tendencia natural del ser humano la de buscar el culpable de lo malo que nos pasa. Esfuérzate en buscar la solución al problema y no tanto el causante del problema. Practica para eliminar la costumbre de quejarte y lamentarte, y proponte firmemente orientarte a la acción. En vez de hacerte pregunta del tipo: ¿Quién tiene la culpa? ¿Y ahora qué va a pasar?. Hazte pregunta más constructivas como: ¿Cuál es la solución?; ¿Cuál es el siguiente paso?; ¿Qué se puede hacer, qué cosa concreta puedo hacer?

 

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