Controlar los enfados

Controlar los enfados

Cuando nos enfadamos, cuando sentimos ira u hostilidad, durante un tiempo somos incapaces de tomar decisiones adaptativas. Cuando estamos enfadados tomamos peores decisiones, hacemos cosas que no haríamos normalmente, y decimos cosas de las que luego nos arrepentimos, porque no las sentimos realmente. ¿Es posible controlar esto? ¿Podemos controlar nuestros enfados?

El estrés y el cansancio hace que nos irritemos más fácilmente. Si hay algo que nos preocupa y eso nos provoca estrés, nerviosismo o ansiedad, será mucho más fácil que nos irritemos por cuestiones sin importancia. 

 

 

¿Qué podemos hacer para disminuir la ira o sus efectos? ¿Qué podemos hacer para no enfadarnos hasta el punto de no controlar nuestra conducta?

 

  • La mayoría de las veces que sentimos rabia es porque le estamos echando la culpa de algo a alguien. Muchas veces esto pasa sin darnos cuenta. En nuestra cabeza, en nuestro diálogo interno, nos vamos diciendo cosas como “esa persona no debería haber hecho eso”; “esa persona no debería haber dicho eso”, “debería haber hecho otra cosa”. Con este tipo de pensamientos nos vamos enfadando hasta que llegamos a estallar. ¿Qué hacer para evitar esto?

 

    Estar más atento a nuestro diálogo interno. Ser más observador y analítico de las cosas que nos decimos a nosotros mismos. Cuando notemos que nos estamos enfadando, ¡para! un momento lo que estés haciendo y analiza ¿Qué cosas te estás diciendo a ti mismo? 

 

 

  • Nos enfadamos por que sentimos una injusticia. Es uno de los motivos más habituales. Pensamos y sentimos “Esto no es justo”, “no es justo que me pase esto”, “no es justo que me hagan esto”. El sentimiento de injusticia puede provocar mucha ira y frustración. ¿Qué podemos hacer con esto?

 

    Hay cosas que son injustas y no las podemos cambiar (una enfermedad, un despido, que llueva el domingo que queremos ir a la playa). Si no podemos cambiar algo que no nos gusta, solo nos queda adaptarnos a eso de la mejor manera posible. Pero, si es algo que sí podemos cambiar, de nada nos sirve lamentarnos, enfadarnos, o protestar. Lo más productivo que podemos hacer es preguntarnos ¿Qué cosas concretas puedo hacer para cambiar o mejorar esta situación que no me gusta? De esta forma dejamos de sentirnos víctimas (y enfadarnos por ese sentimiento), y empezamos a ser parte de la solución. 

 

 

  • Tiempo fuera, o tiempo de enfriamiento. Hay momentos en que nos enfadamos y no podemos controlarlo. Cuando nuestro enfado pasa de un determinado punto, es muy difícil autocontrolarnos, no estallar, no gritar, etc. Si este es el caso, si notamos que estamos a punto de perder el control, lo mejor que podemos hacer es irnos de esa situación por un tiempo. Salir y dar un pequeño paseo es una forma de cortar con esa escalada de enfado. Hacer una pausa que permita a nuestro cerebro emocional tranquilizarse, y a nuestro cerebro racional recuperar el control. 

 

- Escribir. Llevar un pequeño diario puede ser también de ayuda. Escribir nos ayuda a pensar, nos obliga a ponerle nombre a lo que pensamos y a lo que sentimos. Hace que tengamos que pensar más despacio, y por lo tanto, a reflexionar con más calma sobre lo que pensamos. A darnos cuenta de cómo nos sentimos y de lo que nos pasa. En momentos o épocas en las que nos notemos más estresados, nerviosos o irritables, sentarnos con regularidad a escribir sobre lo que nos pasa, puede ser una gran ayuda.

 

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