Amigos negativos

Amigos negativos

Todos hemos conocido en algún momento a personas cargadas de negatividad. Se trata de personas que están más pendientes de los problemas, de las enfermedades, lo que mal que está todo, de las dificultades y desgracias que podrían ocurrir. Personas que parecen disfrutar señalando los defectos de los demás, señalando los errores y equivocaciones. Este tipo de personas pueden quitarnos mucha energía, especialmente en momentos de mayor tensión, estrés y ansiedad.

Cuando pasamos por momentos de mayor estrés y ansiedad. Cuando tenemos dificultades, problemas personales o laborales que no sabemos resolver, es cuando este tipo de personas pueden ejercer su influencia. Y es precisamente cuando menos la necesitamos. La incertidumbre se puede convertir en miedo si tenemos a nuestro lado a alguien que se dedique a recordarnos lo malo y no nos permita pensar en lo bueno. Una visión pesimista puede hacernos que nos rindamos antes de tiempo cuando nos enfrentemos a algún problema. 

 

Si la persona negativa que tenemos cerca es un amigo o alguien de quien podemos decidir alejarnos por un tiempo, la solución es relativamente sencilla. Simplemente marcar cierta distancia, no estar disponible, o evitarle puede ser una solución. 

 

Pero puede darse el caso de que la persona negativa sea un compañero de trabajo, un familiar o alguien con quien necesitamos tratar con frecuencia. Si este es el caso no va a resultar tan fácil librarse de esa persona. ¿Qué podemos hacer? ¿cómo podemos protegernos de la negatividad de otra persona cuando resulta difícil evitar a esa persona? 

 

 

Tres estrategias para tratar con personas negativas.

 

  1. DISTANCIA EMOCIONAL. 

 

    Lo más eficaz es distanciarnos físicamente de esa persona, pero cuando esto no es posible una forma de minimizar su influencia es tratar de distanciarnos emocionalmente. Esto se puede hacer de varias maneras, y, sobre todo al principio, requiere cierto entrenamiento. En la medida de lo posible hay tratar de: 

    a) No dar información personal o dar información lo más neutra posible: Es habitual y perfectamente normal y sano que entre compañeros de trabajo se termine hablando de lo que nos preocupa. Es muy común que en los momentos de descanso uno hable de su pareja, o sus hijos, o de preocupaciones sobre la salud, o económicas, etc. Cuando damos esta información a personas negativas estamos abriendo una puerta para que nos pregunten, opinen, nos den su visión pesimista y derrotista del tema, y de esta forma puedan convertir una preocupación menor en un problema que no nos deje dormir. Seleccionemos con quién hablar de los temas que nos preocupan, especialmente los más sensibles. 

 

    b) Cambiar de tema. Cuando esa persona negativa empiece con su discurso, una forma muy eficaz de no dejarse llevar por esa negatividad es introducir un nuevo tema en la conversación cuando veamos la posibilidad. Cambiar de tema en una conversación puede no resultar fácil. Una forma de hacerlo menos difícil es buscar un tema que pueda resultar de interés para la mayor parte de las personas que participan en la conversación “¿Vieron ayer tal programa en la tv?”

 

    c) Decir claramente que no quieres hablar de ese tema. Una cosa es cambiar de tema en una conversación en la que participan varias personas, y otra es hacerlo cuando son solo dos. Si la otra persona vuelve una y otra vez a un tema que no quieres tocar, lo más eficaz, y lo más difícil a veces, es decir claramente que no quieres seguir con ese tema. Es posible que la otra persona no se sienta muy cómoda con ese comentario, de hecho, es lo más probable. Si se dice con amabilidad, si se pide de forma cortés, es de esperar que respete tus deseos. 

 

 

2. DESINTOXICARSE DE LA NEGATIVIDAD.

 

Después de haber pasado algo de tiempo con una persona negativa, lo mejor que se puede hacer es buscar la forma de compensar esa influencia, de quitarle capacidad de influencia. Desintoxicarnos, descargarnos de esa negatividad. Y lo mejor es hacerlo lo antes posible. Dos formas muy eficaces de hacer esto son: una, tomarnos con humor lo que acabamos de escuchar. En vez de dejar que los comentarios negativos se asienten y crezcan en nuestra cabeza, tratemos de burlarnos de esas ideas (¡ojo! de las ideas, no de la persona), tomarlas con humor, exagerarlas hasta el absurdo. Y otra forma es hablar con alguien que tenga una forma más positiva y optimista de ver el mundo. Una breve conversación con una persona menos negativa, más realista, que sepa ver tanto lo bueno como lo malo, y no se focalice solo en lo negativo, resulta un buen antídoto ante la negatividad exagerada. 

 

3. PROTEGERNOS DE LA NEGATIVIDAD.

 

Si ya sabemos que inevitablemente vamos a pasar cierto tiempo con una persona negativa, lo ideal es aprender a protegernos de su influencia. Dos herramientas pueden ayudarnos con esto. Una tiene que ver con nuestra capacidad para dirigir la atención, y otra con nuestra capacidad para utilizar la imaginación. La primera consiste en practicar la atención selectiva, que consiste en prestar atención a la parte de la conversación que nos resulte interesante, y no hacer ni caso de la parte de la conversación que sea negativa o que no nos interese. Esta estrategia, como cualquier nueva habilidad que queramos desarrollar, requiere entrenamiento. Resulta muy complicada al principio, pero una vez se domina resulta muy útil. La segunda consiste en usar nuestra creatividad para imaginarnos una cúpula de cristal a nuestro alrededor, de forma que los comentarios negativos o los miedos que la otra persona proyecta, no pueden atravesar esa cúpula imaginaria. Se trata de un método simple, pero efectivo, sobre todo si no podemos evitar el contacto de una persona que puede hacernos daño, intencionadamente o no. 

 

 

Las personas negativas y con una actitud excesivamente pesimista ante la vida, no son así porque lo hayan decidido. Simplemente han aprendido a ser de esa manera y no saben cómo actuar para disfrutar más de la vida y vivirla con menos miedo y preocupación. Pero esto no nos obliga a dejarnos contaminar por su negatividad. Una cosa es compadecer a la otra persona por su forma de ser y lo que sufre, y otra muy diferente es dejarnos arrastrar por ello y compartirlo.